Cómo acompañar a niños y niñas a incorporar el lenguaje, comunicarse y expresar sus sentimientos

Pautas sugeridas en el excelente Libro “Hablando… nos entendemos los dos”, un material de gran ayuda para madres, padres y adultos significativos que facilita el acompañamiento a niños y niñas en la incorporación del lenguaje, su estilo de comunicación y la expresión de sus sentimientos.

Cada niño y niña son únicos e irrepetibles, por eso siempre antes de iniciar cualquier un proceso de estimulación oportuna, es muy importante tener en cuenta las características propias del niño y niña y su familia, y la opinión de los profesionales a cargo (educadores, psicomotricistas, fonoaudiólogos, psicólogos, fisioterapeutas, psicopedagogos y médicos).

Para iniciar los primeros pasos hacia la comunicación, existen pautas generales de estimulación del lenguaje oral que buscan otorgar seguridad y confianza al niño o niña que las recibe, apoyado por sus padres o adultos significativos. Es importante aclarar que por tratarse de pautas generales, en el caso que exista un diagnóstico profesional, las pautas a seguir serán las indicadas por el profesional tratante.

Cuando hacemos de “ayudante” (“No te preocupes, yo te lo hago”)

Queremos ser buenos padres. Queremos estar con nuestro hijo o hija precisamente cuando pensamos que quiere o necesita algo. Es difícil resistir el instinto natural de hacerle las cosas más sencillas, fáciles, rápidas y claras diciéndole lo que tiene que decir o haciéndole lo que tiene que hacer, cuando el niño o niña no parece ser capaz de decirlo o hacerlo solo.

Sin embargo, lo que hoy parece más sencillo, fácil o útil priva a nuestro hijo o hija de las oportunidades que necesita para expresar su curiosidad, sentimientos y necesidades.

Cuando decimos o hacemos todo por ellos, les negamos la oportunidad de que aprendan intentando solos.

Cuando hacemos de “compañero sensible”

Usamos la fórmula 3A para animar a nuestro hijo o hija a interactuar y a comunicarse. Le damos reconocimiento y lo hacemos sentirse especial al:

Aceptar que tome la iniciativa.

Adaptarnos para compartir el momento.

Agregar lenguaje y experiencia.

Nuestra atención incondicional y disposición a responder con cariño a los intentos de nuestro hijo o hija por comunicarse lo ayudan a adquirir confianza en si mismo y le brindan una sensación de poder y satisfacción.

Cuando nos tomamos el tiempo de compartir experiencias con nuestro hijo o hija, lo alentamos a establecer los contactos con la gente que le ayudarán a aprender.

Cuando estamos apurados (“Tengo tanto que hacer, que me tengo que apurar”)

¡Tenemos tanto que hacer! Planear, programar, trabajar, ir de compras, organizar, hacer, ir y venir… todas estas cosas seguramente ayudarán a nuestro hijo o hija a llevar una vida diaria más rica, plena y feliz.

El problema está en que dedicamos tanto tiempo y energías procurando hacer todo, que el niño o niña se nos pierde en medio del ajetreo.

Si tenemos algo programado cada minuto del día, es probable que nuestro horario no nos deje tiempo para atender a nuestro hijo o hija interactuando con él y ayudándolo a aprender. Acabamos por monologar, en vez de dialogar con el.

Con demasiada frecuencia, olvidamos que nuestro hijo o hija aprende mejor si él mismo hace las cosas en vez de observar o escuchar cómo debe hacerlas. Cuando hablamos todo el tiempo, no le damos a nuestro hijo o hija la oportunidad de aprender por experiencia propia.

ESPERE. Cuando aguardamos, damos a nuestro hijo o hija el tiempo que necesita para expresar a su manera, sus intereses y sentimientos. (“¡Esperar a que nuestro hijo o hija se comunique es muy difícil!”)

Nuestras vidas transcurren a un ritmo cada vez más rápido, y hemos llegado a pensar que un minuto de silencio es un momento vacio. Los adultos también pensamos que es nuestro deber enseñar, poner a prueba los conocimientos de nuestro hijo o hija, y dirigir la conversación. Así, tendemos a no esperar a que nuestro hijo o hija se de a entender por sí solo. En vez de eso, tratamos de ayudarlo a la manera de los adultos: Hablamos por él, contestamos en su lugar, y controlamos mediante el lenguaje (dando órdenes y preguntando).

Asumir el control es una reacción natural, incluso instintiva. Sin embargo, si queremos ayudar a nuestro hijo o hija a aprender, debemos darle la oportunidad de expresarse a su manera.

Si le hacemos todo más sencillo, fácil y rápido, en realidad podríamos no estar tomando en cuenta los sentimientos, las necesidades y curiosidad de ese niño o niña que nos importa y por el que nos preocupamos.

ESCUCHE. ¿Le suena conocido? ¿Cuántas veces sostenemos una conversación con nuestro hijo en la que solo nosotros hablamos?

¿Cuántas veces nos encontramos monologando y ubicados a una distancia no propicia para el diálogo? Cuando hablamos y nuestro hijo o hija no responde fácilmente, nuestra reacción natural es llenar los silencios, responder a todas las preguntas, e incluso hacer comentarios sin dejar ni una pausa.

Pensamos que le estamos facilitando la conversación, pero en realidad le estamos haciendo un sabotaje cariñoso. No esperamos una respuesta, y nuestro hijo o hja generalmente satisface nuestras expectativas no comunicándose.

Si escuchamos atentamente a nuestro hijo o hija, nuestra atención incondicional le dará seguridad, aliento y valor a sus esfuerzos.

Si escuchamos atentamente a nuestro hijo o hija, también lo comprenderemos mejor y podremos ser más sensibles al responderle.

Si nos damos cuenta de que estamos… hablando sin cesar, ayudando cuando no es necesario, dirigiendo el espectáculo, interrumpiendo, suponiendo que sabemos lo que el niño o niña quiere decir… recordemos que se necesita tiempo para OBSERVAR, ESPERAR y ESCUCHAR  a nuestros hijos o hijas.

Cómo puede dejar que su hijo o hija tome la iniciativa en la vida diaria

Cuando se derrama la leche, queremos limpiar de inmediato… pero… si dejamos que nuestro  hijo o hija tome la iniciativa, el nos dejara saber qué piensa de la situación.

Cuando suena el timbre, queremos abrir la puerta inmediatamente. Pero si dejamos que nuestro hijo o hija tome la iniciativa, veremos si reacciona al sonido, y cómo.

Cuando queremos leerle un libro, queremos leérselo de principio a fin, exactamente como está escrito. Pero si dejamos que nuestro hijo o hija tome la iniciativa, nos hará saber qué es lo que realmente le interesa del libro.

Cuando nuestro hijo o hija intenta decirnos algo, queremos obtener la información lo antes posible, así es que le terminamos las frases. Pero si dejamos que nuestro hijo o hija tome la iniciativa, nos enteraremos de lo que realmente está tratando de decirnos.

Cuando le damos un juguete, queremos que juegue con el que le escogimos nosotros. Pero si le dejamos que nuestro hijo o hija elija, sabremos con que juguete quiere jugar.

Si le damos la oportunidad a nuestros hijos e hijas de que realicen simples actos como poner los zapatos en su lugar o levantar el plato de la mesa, van a hacer que el niño y niña sean más solidarios y contagie el sentido de independencia a sus amigos de clase.

Cuando aceptamos que nuestro hijo tome la iniciativa:

Al OBSERVAR lo que le llama la atención y sus expresiones faciales y corporales, nuestro hijo o hija nos da la información que necesitamos para interpretar y comprender sus sentimientos e intereses.

Al AGUARDAR, para darle tiempo de expresarse solo, nuestro hijo o hija tiene la oportunidad de manifestar sus necesidades, intereses o sentimientos.

Al ESCUCHARLO cuidadosamente cuando trata de comunicarse, nuestro hijo o hija siente que le damos reconocimiento y que es especial.

Al prestarle nuestra atención incondicional, nuestro hijo adquiere seguridad y el estimulo para seguir comunicándose.

Adáptese para ¡Compartir el momento!

Para que un niño hable, debe tener: algo que decir, la oportunidad de decirlo, y el ánimo y la satisfacción para que el esfuerzo valga la pena.

Cuando uno se adapta para compartir el momento, logra la conexión necesaria para generar un vínculo de respeto y comunicativo con su hijo o hija, base fértil para que el niño y niña sientan la seguridad y confianza para comunicarse con el mundo.

Los padres o adultos significativos son los únicos que hacen la diferencia para que los niños y niñas puedan aprender. Es muy importante que los padres o adultos significativos se conviertan en el compañero sensible del niño y niña, mientras realiza todo lo que normalmente hace un día común y corriente. Usted es la persona que mejor conoce y cuida a su hijo o hija. Si quiere ayudarlo a que crezca y sea lo mejor que él puede ser, es importante recordar que la manera como usted logre comunicarse con su pequeño, va a afectar todo lo que su hijo o hija sientan de sí mismos como posibilidades para aprender durante su vida.

Póngase Cara a Cara

Esta es una actitud que si usualmente nos acostumbramos a aplicarla, además de constituir una de las más importantes cosas que podemos hacer para comunicarnos con nuestro hijo o hija, es también una de las más sencillas: Colocarnos frente al niño y niña para que pueda mirarnos directamente a los ojos. “Los ojos son el espejo del alma”.

Cuando estamos cara a cara, dispuestos e interesados, suceden cosas sorprendentes:

Conocemos mas a nuestros hijos al poder observar sus expresiones faciales, lo que les llama su atención y cómo es su estado de alerta.

Nuestros hijos conocen más de nosotros pueden ver como movemos la boca al pronunciar las palabras y nos miran a los ojos para averiguar qué estamos viendo. También pueden ver y experimentar nuestra aceptación cuando ponen de su parte para comunicarse y la alegría que nos da ¡compartir el momento! con ellos.

Hablamos con nuestros hijos, no a nuestros hijos estar más  cerca estimula el ir y venir de la comunicación y nos pone en mejor disposición de aceptar que nuestro hijo tome la iniciativa.

Todos hemos tenido la experiencia de lo difícil que es conversar con alguien que es más bajo o más alto que nosotros. Cuesta mucho trabajo mantener el contacto visual y pronto volteamos a hablar con alguien con quien nos sea mas cómodo, alguien que esté a nuestro nivel. Así es que, en vez de intimidar al niño y niña con nuestra estatura, podemos:

Agacharnos o arrodillarnos

Tirarnos al suelo

Acostarse boca abajo

Colocarlo en el regazo

Sentarnos en el  suelo y dejarle una silla

Podemos adaptar nuestra postura para que nuestro hijo pueda conversar con nosotros mas fácil y cómodamente, poniéndonos CARA a CARA.

Demuéstrele a su hijo que está escuchando

Imite. “Mira mamá gatea igual que tú!”

Una de las mejores formas de interactuar con niños y niñas muy pequeños que apenas empiezan a comunicarse es imitando sus sonidos, movimientos, expresiones faciales y palabras.  Si el niño o niña inclina la cabeza y nosotros hacemos lo mismo, si dice:”ah, ah” y nosotros decimos lo mismo, sabrá que estamos interesados en lo que esta haciendo y diciendo. Es muy probable que establezcamos el contacto que lleve a una conversación. Si tiene dudas, no lo piense… ¡imítelo!

Interprete. “Mmm Mami, come, qué rico!”

Nos emocionamos con los nuevos sonidos y gestos que hace nuestro hijo. Estamos listos para interpretarlos y así asignarles las palabras a las que creemos que corresponde.

Cuando interpretamos confirmamos que recibimos el mensaje de nuestro hijo. Le sirve al niño de modelo para aprender el lenguaje. Generalmente pensamos en los intérpretes en relación con otros idiomas, pero cuando interpretamos a nuestro hijo o hija, estamos tratando de ayudarlo a hablar nuestro idioma. Interpretar a un niño o niña difícil de entender exige una investigación muy especial, como la de un detective.

Interpretar puede requerir adivinar lo que el niño o niña pretende decir y ponerlo en palabras. Aun cuando nos equivoquemos, nuestra respuesta le demuestra que estamos escuchando.

Repetir lo que dijo en tono de pregunta lo anima a ensayar de nuevo, y quizás pueda expresarse más claramente.

Explicarle que no lo podemos entender y pedirle que nos muestre, es otra forma de confirmarle nuestro interés.

Cuando nada funciona, una expresión sincera de nuestro deseo de comprender y de tratar más tarde, le demostrará a nuestro hijo o hija que apreciamos sus esfuerzos.

Comente. “Mira como cae el agua!”

Comentar lo que estamos haciendo cuando nuestro hijo o hija parece estar interesado permite empezar a compartir información y actividades cotidianas, tales como poner la mesa, lavarse, barrer, e incluso tal vez recibir un poco de “ayuda” mientras lo hacemos. También le demostramos al niño que estamos interesados en comunicarnos con el cuando hacemos comentarios sobre lo que dice o hace y no cambiamos de tema.

Haga buenas preguntas

Una buena pregunta es un poderoso gancho para el dialogo. A menudo se requiere un esfuerzo consiente para hacer buenas preguntas que animen a nuestro hijo a compartir sus experiencias con nosotros. No siempre es fácil encontrar la pregunta correcta, pero la respuesta de nuestro hijo nos indica si tuvimos éxito.

Las buenas preguntas ayudan al niño a participar en la conversación y a sostenerla. Deben ser sinceras y adecuadas al nivel de nuestro hijo o hija. Las buenas preguntas:

Demuestran nuestro interés y crean expectación: ¿Qué sigue? ¿Y si…? ¿Y ahora…?

Dan opciones a nuestro hijo o hija para que decida: ¿Quieres … o …?

Amplían la mente de nuestro hijo: ¿Qué esta pasando? ¿Cómo funciona? Y ahora ¿Qué?

Interpretan la curiosidad de nuestro hijo o hija: ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Por qué?

Evite las preguntas que detienen la conversación; ¿Qué es eso? ¿Qué es eso? ¿Qué es eso? Detienen la conversación las preguntas que bombardean o exigen.

Las preguntas que contienen la respuesta: Quieres leche ¿no, José?

Túrnense conversando

¡Como en un subibaja, el dialogo es bueno solo cuando cada participante espera su turno! Los niños y niñas también tienen su turno.

Cuando los niños y niñas están aprendiendo a comunicarse, cuantas mas conversaciones participen, mas turnos les tocaran y mas oportunidades tendrán de aprender.

En un niño o niña que está empezando a comunicarse, su “turno” puede ser una mirada, un gesto, o un sonido. O algo tan sutil como tomar aire. Puede parecer insignificante, pero al reconocer y aceptar que participe a su manera, podemos seguir conversando.

El término “conversación” suena como una palabra adulta muy formal. Pero en realidad, se trata de una serie de turnos, primero nos toca a nosotros, luego al niño, y otra vez a nosotros. A medida que madure nuestro hijo o hija, sus turnos en la conversación iran progresando a palabras, frases y oraciones.

El ir y venir natural de la vida diaria nos ofrece muchas oportunidades de compartir experiencias, turnarnos, intercambiar ideas y sostener buenos diálogos. En un comienzo, estas conversaciones ayudan a nuestros hijos o hijas a experimentar la alegría de compartir lo que se les ocurre. Luego, descubren que estos diálogos pueden proporcionarles información nueva y útil acerca del mundo.

Hay que “darle cuerda” a la conversación. A veces, es difícil continuar la conversación. A menudo, nuestros hijos no saben que tienen que hacer. Los niños necesitan tiempo y estimulo para aprender el arte de conversar. Al principio, necesitan ayuda.

Señales silenciosas

Nuestras expresiones faciales y acciones pueden mostrar a nuestros hijos o hijas que estamos esperando que tomen su turno.

Podemos: Abrir bien los ojos, expectantes. Alzar la ceja o guiñar como señal de que estamos esperando algo.

Sonreír para animar a nuestro hijo o hija e indicarle que estamos seguros de que puede aprovechar su turno.

Decir, sin voz, la palabra que queremos que diga nuestro hijo, y luego aguardar.

Acercar la cabeza al niño para mostrarle que tiene nuestra atención e interés.

Señales verbales

Nuestra voz y nuestras palabras también pueden demostrar a nuestros hijos lo que esperamos de ellos. Podemos:

Decir cosas como “mira”… “está bien”… “te toca”… “¿Qué pasa”…

Repetir lo que hemos dicho en tono de pregunta, o más fuerte

Decir lo mismo en forma distinta “¿Ceci quiere ir a caminar con mami?” Luego, “¿Ceci quiere salir a ver las flores?”

Cambiar nuestra pregunta or una afirmación “¿Tomás tiene hambre?” Luego, “¿Tomas quiere una manzana?”

Cambiar nuestro comentario por una pregunta “Es hora del baño”. Luego, “¿Ceci quiere jugar en la bañera?”

Abreviar el mensaje. “¿Ya tiene Tomás un poquito de hambre?” Más corto sería:”Quieres una galleta?”

Hablando… nos entendemos los dos, a translation of  “It Takes Two to Talk” por Jan Pepper y Elaine Weitzman. Una Publicación The Hanen Centre.