Seis Consejos para un Papá que quiere implicarse en el embarazo

1. Ahora más que nunca, comunicación

Estás a punto de vivir el cambio más grande que una pareja puede vivir (o uno de los más grandes), así que es muy importante que hablen del tema. Coméntale cómo te sientes, qué piensas sobre el nuevo bebé, sobre los cambios de la casa e intenta visualizar sus vidas con un miembro más, hablando de las cosas que harán, de cómo se ven en el papel de padre y madre, de las expectativas al respecto, de cómo creen que actuarán, etc.

Es una manera de empezar a implicarte en la toma de decisiones, de sentar unas bases, de conocerse como padres y madres, y de empezar a buscar puntos en común para criar a su bebé.

2. Ve con ella a las visitas del ginecólogo.

Aunque la embarazada es ella, no tiene por qué vivir el embarazo en “soledad”. Aprovecha los momentos en los que les van a dar noticias sobre la evolución del bebé y su crecimiento para conocerlas de primera mano. Estando ahí podrás ver a tu bebé en las ecografías y oír su corazón, verás qué piensan los profesionales sobre los cambios que están sucediendo y en definitiva acompañarás a tu mujer en momentos que suelen ser rutinarios, pero que a veces se vuelven complicados si algo no está yendo del todo bien.

Es importante para ella que estés ahí siempre que puedas y es importante para ti también. Así te sentirás parte de todo ello porque, de hecho, lo eres.

3. Cambia con ella

Las mujeres, por el hecho de estar embarazadas, tienen que empezar a cuidarse más de lo que lo hacían antes, tratando de comer lo más equilibrado posible, dejando de fumar si es que lo hacían, no tomando alcohol (ni una gota), etc. Si algunas de las cosas que tiene que dejar de hacer las compartía contigo estaría bien que por solidaridad y respeto lo hicieras tú también.

Hay muchos papás que no dejan de fumar aún cuando sus parejas hacen un tremendo esfuerzo haciéndolo y, en cierto modo, es no entender los motivos y tener poca empatía hacia una persona, la pareja, que ha hecho un gran sacrificio dejando el tabaco.

De todas maneras, como la idea es implicarse, seguro que tu pareja te ve más cercano y ve que estás “ahí”, con ella, para lo que haga falta, si cambias con ella. Seguro que además, tú también te ves más “ahí”, compartiendo embarazo, casi como si lo estuvieras tú también.

4. Fórmense juntos como padres

Tener un hijo es una de las mayores responsabilidades que puede llegar a tener una persona adulta. A pesar de ello, criar un hijo es una de las cosas que menos se estudia porque parece que, como se ha hecho toda la vida, alimentar y educar a un bebé no puede ser tan difícil.

El caso es que hacerlo lo puede hacer cualquiera, pero hacerlo con información y con la seguridad de que se está yendo por el camino más o menos correcto sólo se puede hacer si, de una manera o de la otra, accedes a esa información.

Las mutualistas y seguros médicos imparten clases preparto, a la que están invitados también los papás. No son las típicas clases de respira, inspira y espira que todos tenemos vistas en las películas, sino que van más allá con diversos consejos para el embarazo, el parto e incluso el posparto. Ve a ellas acompañando a tu pareja y así podrán aprender juntos, solventando las dudas comunes e individuales y preguntando por eso que ella dice que es A y tú dices que es B.

Si en cambio quieres que la información llegue a través de la lectura compartan libros, léanlos juntos y hablen sobre ello, debatan si hace falta sobre las cosas que no les queden claras o que simplemente les parezcan más o menos absurdas (mi primer debate con mi mujer fue tras leer el “magnífico” libro “A comer” de Estivill, por ejemplo). Así los dos aprenderán de los libros y aprenderán también de la experiencia del otro.

5. Contacta con el bebé

Es difícil porque está dentro de la barriga de tu pareja, pero puedes intentar llegar a él (o a ella). Tócale la barriga (pero pídele permiso a ella primero, claro), háblale, cántale… así comienza una comunicación que puede llegar a ser bidireccional en el momento en que provoques algún movimiento (“¡Te está oyendo, se mueve cuando le hablas!”, suelen decir ellas).

A medida que pasen las semanas y los movimientos sean más evidentes podrás tocar partes de su cuerpo cuando a mamá le salga un bulto por alguna parte. No es como tocarle directamente, pero es lo más cercano que puedes estar dadas las circunstancias. Y créeme que no es poco, poner la mano y notar cómo se mueve en tu palma no es poco.

6. Hacer las compras y preparativos juntos

Vayan juntos a comprar las cosas que el bebé necesitará, miren precios, miren modelos, busquen cuáles se adaptan más a ustedes, a sus gustos, a lo que esperan o quieren. Aprendan cómo funcionan las cosas para que los dos sean autónomos después a la hora de cuidar del bebé (y eviten el “amor, ¿cómo se hace esto?” continuo de quien no acaba de aprender cómo funciona algo).

Así además serán cuatro ojos, que siempre ven más que dos. Una persona sola puede escoger un elemento, por ejemplo un cochecito, en base solamente a los gustos (“son todos iguales, este es el que más me gusta”) y mientras tanto la otra puede darse cuenta de que puede ser mejor otro modelo (“sí, pero en éste sólo podrá ir sentado en el sentido de la marcha y no podremos girarlo para que nos pueda mirar a nosotros… no todos son iguales”).

Fuente: http://www.bebesymas.com